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Depresión navideña

22 diciembre 2009

Para muchas personas la navidad no significa la misma alegría que para otras, porque en esta época llega, más si cabe, la depresión.


Es un estado de melancolía pasajero, pero que puede hacer mucho daño a quienes la padecen.

Esta enfermedad se suele manifestar en personas solitarias o mayores, aunque también se puede dar en personas jóvenes o acompañadas.

¿Por qué se manifiesta más en esta época?

La llegada del invierno, y por consiguiente el frío, los días son más cortos y cada persona valora lo que ha hecho bien o mal en el año, esas son las causas, a grandes rasgos, de este mal navideño

Di NO a la depresión
Para eso tienes que ser positivo, no pensar en el pasado, el pasado, pasado esta… mira hacia delante, hacia el futuro, piensa en las cosas buenas que van a llegar con el nuevo año y en las cosas buenas que has hecho y te han hecho este año.
Haz un plan para resolver los problemas de este año, y no dejes que todo el peso del mundo caiga sobre ti.

Intenta rodearte de personas positivas, habla con tus amigos y familiares, y si no tienes amigos ni familiares, pues hazte con un amigo/a, por ejemplo, haciendo algún deporte, o metiéndote en alguna asociación, yendo a reuniones, haciendo actividades… veras como haces amigos enseguida.

También dicen que ir de compras o comer chocolate, quita la depresión, pero eso puede conllevar a caer en otra depresión al ver tu cuenta corriente, o tu peso, si has engordado…

En fin, que siendo positivo todo es mas bonito y mas alegre, así que ya sabes… a ser POSITIVO.

Tu capacidad para salir es lo que dibuja tu interior
Feliz Navidad y Felices Fiestas.

Autor y Fuente: prismasa.org
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Recuperarse después de sufrir un aborto (2 de 2)

21 diciembre 2009

Aunque los efectos físicos se superan pronto, el impacto emocional puede ser tan importante como el que se experimenta tras la pérdida de un ser querido.

Del apego al duelo
Cuanto más avanzado está el embarazo, más dura resulta la pérdida del futuro bebé, puesto que entre madre e hijo surge un estrecho vínculo, que se genera a medida que la madre toma conciencia emocional de que en su interior crece una criatura, que forma parte de ella y de su realidad. Al inicio, la noticia del embarazo es un shock frente al que se puede reaccionar con ilusión o con miedo. Pero pasada “esta emoción dura y que caduca”, en el embarazo surgen otra variedad de sentimientos.

La mujer empieza a buscar el bebé en su barriga; puede sentir dolor, que sufre cambios físicos y que le invade un torrente hormonal. Las primeras emociones se convierten luego en apego, la unión madre-hijo. “Cuanto más se desarrolla el apego, más difícil y más duro es romperlo en el sentido emocional. Es un vínculo inherente a todas las especies vivas, que avanza más a medida que lo hace el embarazo”, declara Reynes.

Ante un aborto espontáneo, se pone en marcha otro proceso mental: el duelo. Éste será más o menos intenso en cada mujer, en función del apego que haya tenido a su futuro bebé y de las habilidades que tenga para afrontar la frustración que ello supone. En madres de edad más avanzada y que ya tienen un hijo o dos, la pérdida de otro no resulta tan dolorosa como en una madre primeriza o una mujer de edad avanzada que nunca ha tenido un hijo.

La mujer y el entorno
¿Qué pasa por la mente de las mujeres que se encuentran en una de esas tres situaciones? La madre primeriza tiende a sufrir miedo y ansiedad porque teme tener algún problema en su organismo y no poder quedarse embarazada. Cuando es una mujer joven, de unos 19 años, estos temores pueden ser más fáciles de dominar, pero a partir de 36 ó 37 años, se amplifican. Si la mujer que ha sufrido el aborto ya tiene hijos, hace el duelo acompañada y centrada en el cuidado de estos.

Estas madres superan la pérdida poco a poco, gracias a su propia realidad. Según datos de Kupman, las mujeres que han pasado por un aborto tienen el doble de riesgo de caer en una depresión, respecto a quienes no lo han sufrido. Hay estudios que revelan un 10,9% de depresión en mujeres que abortaron de manera espontánea, mientras que un 4,3% se vieron afectadas de algún modo por esta experiencia. En general, los cuadros de depresión se dan en el primer mes postaborto y afectan más a las mujeres sin hijos.

La pareja
Pero no hay que olvidar que el aborto no sólo puede ser una experiencia traumática y angustiosa para la madre, sino también para su pareja. Ambos pueden quedar marcados por este acontecimiento. Algunas reaccionan de forma pasiva, con retraimiento y aislamiento, mientras que otras sienten deseos de hablar de ello. Una actitud no es más correcta que otra: cada pareja debe actuar según sus sentimientos.

A veces, puede ser necesaria una intervención psicológica. Cuando esto sucede, el psicólogo interviene sobre los dos factores que aparecen más aumentados en la mujer, como la ansiedad y la culpabilidad, “dos peces que se muerden la cola” e, incluso, es posible que también deba hacerlo en el entorno, más que sobre la misma afectada. En algunos casos, la mujer que lo ha sufrido ya ha racionalizado lo sucedido, mientras que el entorno tiende a perder más la cabeza, a enzarzarse en peleas y, en ocasiones, a acrecentar los sentimientos de culpabilidad y ansiedad que experimenta la mujer.

¿Depresión postaborto?
¿Hay depresión postparto? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), sólo hay un tipo de depresión, con más de seis meses de evolución y que se caracteriza por síntomas como el sufrimiento, la tristeza o la baja autoestima. Ésta es motivo de consulta al psicólogo o al psiquiatra. Se confunde porque puede ser reactiva, es decir, activarse a consecuencia de algún suceso, como la pérdida de una pareja, del trabajo y, en este caso, después de un aborto.

No obstante, en la literatura médica se ha descrito el “síndrome postaborto” (también denominado con el acrónimo PAS). Se refiere a un cuadro patológico que comprende un complejo de síntomas fisiológicos, psicológicos y espirituales, desencadenados tras la realización de un aborto procurado (voluntario). Por lo tanto, afecta sobre todo a las mujeres que han abortado, pero también se verifica (en distintos grados) en todos los demás que han intervenido en el hecho.

Los síntomas de este síndrome están en relación directa con las razones por las cuales se aborta, el tiempo del embarazo, la relación entre los progenitores, los pasos que se han dado para tomar la decisión y las influencias que se hayan padecido durante el período traumático de la decisión.

Toda pérdida genera un estado de duelo. Se dice que es más difícil superar el dolor de un aborto provocado que el de uno espontáneo producido por la misma naturaleza. Las razones son varias: la persona se sabe culpable de la pérdida y se ha autoconvencido de que no es un ser humano. Cuando los dolores no se superan, conducen a la depresión.

Autor: Consumer-Eroski

Fuente: www.consumer.es

Recuperarse después de sufrir un aborto (1 de 2)

21 diciembre 2009

Aunque los efectos físicos se superan pronto, el impacto emocional puede ser tan importante como el que se experimenta tras la pérdida de un ser querido.

Los sueños de algunas mujeres que esperan un bebé se pueden truncar por un aborto inesperado. La tasa de incidencia de este problema espontáneo oscila entre el 10% y el 15%: alrededor del 12% en gestantes veinteañeras y del 25% en mujeres mayores de 40 años. Pero, ¿qué le sucede a una mujer después de un aborto? ¿Qué síntomas físicos tiene y qué sensaciones y emociones experimenta? ¿Cómo puede recuperarse? Un especialista en ginecología y un psicólogo responden a estas preguntas a las que cada año se enfrentan numerosas mujeres que deben asumir esta pérdida.

Efectos físicos del aborto
Tras un aborto, la recuperación física de la mujer oscila entre varias semanas y poco más de un mes, según el tiempo que haya estado embarazada. Algunas hormonas propias de la gestación permanecen en la sangre durante uno o dos meses después de una pérdida espontánea, pero los efectos físicos suelen desaparecer con rapidez. Según afirma Enrique Kupman, ginecólogo de la Policlínica Miramar, de Palma de Mallorca, en el plano físico, la recuperación de la mujer es rápida; la menstruación reaparece entre cuatro y seis semanas más tarde y, en ausencia de otros problemas, puede quedarse de nuevo embarazada al poco tiempo.

El tiempo de ingreso en el hospital depende de cada paciente y de las normas de cada institucion pero, en general, en 24 horas se les da el alta. La hemorragia cesa entre siete y diez días después. En algunos casos, se puede producir una infección que prolonga la hemorragia o causa una secreción de aspecto desagradable, aunque con antibióticos se puede resolver el problema, explica Kupman.

La mujer que acaba de sufrir un aborto puede tener distintos síntomas, desde dolor lumbar hasta molestias abdominales agudas o de tipo cólico, con o sin sangrado vaginal, así como pérdidas de restos de tejido o coágulos. Una vez en casa, debe prestar atención a ciertos signos indicativos de complicación, como fiebre, secreción vaginal purulenta o con mal olor, hemorragias o aumento del dolor. En todos estos casos, hay que consultar al médico.

No obstante, aunque los efectos físicos se superen pronto, puede no suceder lo mismo en el aspecto emocional. El dolor psíquico puede ser tan intenso como el que se experimenta tras la pérdida de un ser querido. Muchas mujeres lo describen como una gran sensación de vacío.

Las cifras en España
A las interrupciones espontáneas hay que sumar los abortos voluntarios y las muertes perinatales, es decir, los bebés que nacen sin vida y quienes fallecen al poco de nacer.

Estos últimos comprenden las defunciones fetales tardías, que fueron de 4,9 por cada 1.000 nacidos que se registraron en España en 2005; las de menores de una semana, que fueron de 1,6 nacidos por cada 1.000 en el mismo periodo; y las de los menores de 28 días, que fueron de 2,4 por cada 1.000.

El impacto psicológico
¿Qué pasa por la cabeza y el corazón de una mujer tras un aborto? Tanto si es espontáneo, y por lo tanto inesperado, como si es voluntario, se pueden identificar algunos aspectos en común. El primero es el síndrome de la culpabilidad. En el caso del aborto espontáneo, la mujer tiende a pensar que no ha hecho lo correcto, que se ha esforzado más de la cuenta o que no ha cuidado su salud, entre otras cosas. Es un estado de ánimo que destruye por dentro. Así lo explica Jaime Reynes, psicólogo del programa Comparte tu hijo antes de nacer, de la Policlínica Miramar.

Este efecto de culpabilidad aparece, pero menos, en el aborto decidido porque se ha dado una racionalización previa y el factor de la culpa ya se ha puesto sobre la mesa e, incluso, se ha debatido con médicos, psicólogos y familia en algún caso, lo que actúa como mecanismo de prevención. Gracias a ello, la palabra culpa se reduce a “responsabilidad implícita”, aclara Reynes.

El segundo factor que, según este psicólogo, se debe tener en cuenta tras un aborto es la ansiedad, que es evidente en el espontáneo, pues genera la duda de si la mujer se volverá a quedar embarazada, si la pérdida sucederá otra vez, si hay distintos factores amenazantes escondidos. En el caso del programado, la ansiedad “pesa” más antes de tomar la decisión de interrumpir el embarazo, unida a la inquietud de enfrentarse a un proceso quirúrgico. Ambos factores, culpabilidad y ansiedad, están relacionados con la reacción del entorno de la mujer antes, durante y después del aborto, puesto que sea espontáneo o programado, su estado de ánimo es vulnerable a la opinión de los padres, los amigos y su núcleo más cercano. Es muy importante, por tanto descartar cualquier tipo de reacción punitiva.

Autor: Consumer-Eroski
Fuente: www.consumer.es