Recuperarse después de sufrir un aborto (2 de 2)

Aunque los efectos físicos se superan pronto, el impacto emocional puede ser tan importante como el que se experimenta tras la pérdida de un ser querido.

Del apego al duelo
Cuanto más avanzado está el embarazo, más dura resulta la pérdida del futuro bebé, puesto que entre madre e hijo surge un estrecho vínculo, que se genera a medida que la madre toma conciencia emocional de que en su interior crece una criatura, que forma parte de ella y de su realidad. Al inicio, la noticia del embarazo es un shock frente al que se puede reaccionar con ilusión o con miedo. Pero pasada “esta emoción dura y que caduca”, en el embarazo surgen otra variedad de sentimientos.

La mujer empieza a buscar el bebé en su barriga; puede sentir dolor, que sufre cambios físicos y que le invade un torrente hormonal. Las primeras emociones se convierten luego en apego, la unión madre-hijo. “Cuanto más se desarrolla el apego, más difícil y más duro es romperlo en el sentido emocional. Es un vínculo inherente a todas las especies vivas, que avanza más a medida que lo hace el embarazo”, declara Reynes.

Ante un aborto espontáneo, se pone en marcha otro proceso mental: el duelo. Éste será más o menos intenso en cada mujer, en función del apego que haya tenido a su futuro bebé y de las habilidades que tenga para afrontar la frustración que ello supone. En madres de edad más avanzada y que ya tienen un hijo o dos, la pérdida de otro no resulta tan dolorosa como en una madre primeriza o una mujer de edad avanzada que nunca ha tenido un hijo.

La mujer y el entorno
¿Qué pasa por la mente de las mujeres que se encuentran en una de esas tres situaciones? La madre primeriza tiende a sufrir miedo y ansiedad porque teme tener algún problema en su organismo y no poder quedarse embarazada. Cuando es una mujer joven, de unos 19 años, estos temores pueden ser más fáciles de dominar, pero a partir de 36 ó 37 años, se amplifican. Si la mujer que ha sufrido el aborto ya tiene hijos, hace el duelo acompañada y centrada en el cuidado de estos.

Estas madres superan la pérdida poco a poco, gracias a su propia realidad. Según datos de Kupman, las mujeres que han pasado por un aborto tienen el doble de riesgo de caer en una depresión, respecto a quienes no lo han sufrido. Hay estudios que revelan un 10,9% de depresión en mujeres que abortaron de manera espontánea, mientras que un 4,3% se vieron afectadas de algún modo por esta experiencia. En general, los cuadros de depresión se dan en el primer mes postaborto y afectan más a las mujeres sin hijos.

La pareja
Pero no hay que olvidar que el aborto no sólo puede ser una experiencia traumática y angustiosa para la madre, sino también para su pareja. Ambos pueden quedar marcados por este acontecimiento. Algunas reaccionan de forma pasiva, con retraimiento y aislamiento, mientras que otras sienten deseos de hablar de ello. Una actitud no es más correcta que otra: cada pareja debe actuar según sus sentimientos.

A veces, puede ser necesaria una intervención psicológica. Cuando esto sucede, el psicólogo interviene sobre los dos factores que aparecen más aumentados en la mujer, como la ansiedad y la culpabilidad, “dos peces que se muerden la cola” e, incluso, es posible que también deba hacerlo en el entorno, más que sobre la misma afectada. En algunos casos, la mujer que lo ha sufrido ya ha racionalizado lo sucedido, mientras que el entorno tiende a perder más la cabeza, a enzarzarse en peleas y, en ocasiones, a acrecentar los sentimientos de culpabilidad y ansiedad que experimenta la mujer.

¿Depresión postaborto?
¿Hay depresión postparto? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), sólo hay un tipo de depresión, con más de seis meses de evolución y que se caracteriza por síntomas como el sufrimiento, la tristeza o la baja autoestima. Ésta es motivo de consulta al psicólogo o al psiquiatra. Se confunde porque puede ser reactiva, es decir, activarse a consecuencia de algún suceso, como la pérdida de una pareja, del trabajo y, en este caso, después de un aborto.

No obstante, en la literatura médica se ha descrito el “síndrome postaborto” (también denominado con el acrónimo PAS). Se refiere a un cuadro patológico que comprende un complejo de síntomas fisiológicos, psicológicos y espirituales, desencadenados tras la realización de un aborto procurado (voluntario). Por lo tanto, afecta sobre todo a las mujeres que han abortado, pero también se verifica (en distintos grados) en todos los demás que han intervenido en el hecho.

Los síntomas de este síndrome están en relación directa con las razones por las cuales se aborta, el tiempo del embarazo, la relación entre los progenitores, los pasos que se han dado para tomar la decisión y las influencias que se hayan padecido durante el período traumático de la decisión.

Toda pérdida genera un estado de duelo. Se dice que es más difícil superar el dolor de un aborto provocado que el de uno espontáneo producido por la misma naturaleza. Las razones son varias: la persona se sabe culpable de la pérdida y se ha autoconvencido de que no es un ser humano. Cuando los dolores no se superan, conducen a la depresión.

Autor: Consumer-Eroski

Fuente: www.consumer.es

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